Teatro y ópera

El Cascanueces deleita con d&b Soundscape.

© Steve Jones

Puede que sea un cuento sencillo impregnado de fantasías infantiles de juguetes que cobran vida y caramelos que bailan, sin embargo esta encantadora historia ha demostrado que es muy popular tanto entre el público como para las compañías de ballet. Como todos los grandes cuentos de hadas, este, que se basa en la obra «El cascanueces y el rey de los ratones» de E.T.A. Hoffmann, transmite una valiosa moraleja: de la valentía nace la recompensa, con crueldad no se consigue nada. Cuando el Royal Albert Hall acogió la producción del Birmingham Royal Ballet, se decidió que la composición musical de más éxito de Tchaikovsky fuera presentada de una manera que hubiera entusiasmado al compositor ruso.

“Esta era la primera vez que d&b Soundscape se utilizaba en un espectáculo desde que se instaló el nuevo sistema de la sala”, explica Bobby Aitken, diseñador de sonido de la representación. “Con ese potencial tuvimos que centrarnos en los elementos esenciales, porque hacer cualquier cosa de manera diferente en el Royal Albert Hall es una tarea ingente, no es una decisión que se pueda tomar a la ligera. Varias cosas suavizaron el reto: El Cascanueces es simplemente una pieza orquestal, no hay diálogos salvo un poco de narración, por lo que en ese sentido es una excelente introducción para utilizar el potencial de Soundscape en el Royal Albert Hall”.

Para todos aquellos que no le conocen, Aitken es uno de los diseñadores de sonido más aclamados del Reino Unido, especialmente por sus casi treinta años de presentar ópera en el Royal Albert Hall. “Soundscape es una herramienta de modelado de entornos de sonido que se incorporó al rico inventario de d&b en 2018”, explica. “Lo que me interesó más es el software que trabaja con el procesador de señal DS100 Signal Engine, que ofrece dos zonas principales de impacto: posición basada en objetos (hasta sesenta y cuatro objetos) y emulación acústica. A principios de 2018, fui uno de los varios diseñadores de sonido a los que consultó Oliver Jeffery, Director Técnico sénior del Royal Albert Hall, cuando ya habían decidido llevar al siglo veintiuno el sistema de audio de la sala. Cuando finalmente se había decidido que el sistema de sonido principal sería de d&b, una de las decisiones más importantes que tomaron fue garantizar que el sistema estaba preparado para Soundscape”.

Steve Jones, que dirigía la asistencia técnica de d&b para el equipo de Jeffery, explica la tesis del diseño: “Una vez que Ollie y la dirección del Royal Albert Hall tomaron su decisión, su directriz preliminar fue lograr que el sistema de la sala fuera el mejor posible, para conseguir que fuera totalmente atractivo y utilizable para cualquier producción que se planteara los retos específicos de presentar producciones amplificadas en el Royal Albert Hall, pero sobre todo lo que más deseaban era contar con un sistema preparado para el futuro. Con el tiempo se fue afinando hasta ser una implementación I/C/D de la Serie V de d&b con una amplia gama de delays y fills para cubrir las gradas del coro y las zonas más altas del nivel de las galerías. Bobby recomendó que nos planteáramos llevar esto un poco más lejos. Al principio insistió mucho en delays para el anfiteatro, lo que llevó casi inevitablemente a plantear el potencial para Soundscape, que solo necesita dos riggings de Serie V adicionales a cada lado del clúster central, justo entre ese clúster y los exteriores a izquierda/derecha. El golpe maestro de Bobby fue insistir para que se ofreciera esa mejora de Soundscape más allá del auditorio principal a todos los palcos”. No era una tarea pequeña, con los casi ciento cincuenta palcos comprimidos en la estructura vertical como de pastel de boda de las zonas de público de la sala.

“Para El Cascanueces, se tomó la decisión de colgar esos dos riggings de Serie V adicionales por todo el frontal del escenario, la piedra angular de cualquier sistema Soundscape”, continúa Jones. “Junto con Ben Evans, del equipo de sonido del Royal Albert Hall, nos encontramos con un dilema al ir a hacer realidad el objetivo de Aiken. La causa del problema eran los ángulos de la iluminación y la proyección de vídeo y aunque Richard Thomas, de iluminación, y 59 Productions, para el vídeo, fueron muy flexibles, teníamos que encontrar alguna solución. El dilema se producía esencialmente por la necesidad de colgar esos múltiples riggings de la Serie V por todo el frontal del escenario. Con ese exclusivo aspecto vertical del auditorio, pese a que la distancia de proyección no es muy grande en términos relativos, el ángulo de cobertura de arriba abajo es muy pronunciado. Con riggings PA en ubicaciones concretas, todo esto se convirtió en un auténtico desafío y Richard es quien merece todo el crédito por solucionar esos problemas”.

No obstante, ese cambio no se hizo sin concesiones: resolver la tensión principal entre proyección de luz y vídeo en todo el auditorio supuso subir el sistema PA 4 m más alto de lo normal. “Afortunadamente, pudimos compensarlo elevando de una manera importante la plataforma de la orquesta para extender el escenario sobre las butacas del auditorio aproximadamente hasta la mitad de la sala para los bailarines del ballet”, explica Jones. “Con ese punto solucionado, pudimos reasignar los fills del coro (solo una ligera rotación, hacia fuera) para que hicieran la tarea de los outfills del escenario que habíamos quitado para instalar los elementos de proyección e iluminación (porque no había público sentado en las butacas del coro)”.

“No era una tarea ingente, pero sí muy exigente”, confirma Aitken. “Son cosas que llevan tiempo: instalar todos los altavoces en el lugar correcto y ordenar las posiciones para los requisitos de proyección de vídeo”.

Teniendo en cuenta todo esto, ¿valió la pena para una presentación de tres días de cinco actuaciones intercaladas entre Navidad y Año Nuevo? “Absolutamente sí”, dice Aitken, “y lo mejor es el potencial para el año que viene. Ahora ya tenemos todos los datos de este año, lo que significa que de ahora en adelante tendremos más tiempo para desarrollar otras cosas. Dicho esto, conseguimos dos objetivos claros que habíamos imaginado cuando al principio tomé mi decisión. Durante sesenta minutos antes de la representación se ofrecía entretenimiento corporativo alrededor del auditorio y en su interior, y decidimos presentar efectos de sonido, pequeños motivos con un toque de reverberación que evocaban los ruidos del taller de juguetes del tío Drosselmeyer o los sonidos de cascabeles de los renos que tiran del trineo de Santa Claus viajando por el perímetro de la sala. Sí, podría hacerse algo comparable con un sistema surround más convencional, pero la clave era ser discretos: tenía que ser como oír cantos de pájaros en un paseo por el bosque, algo encantador, direccional, pero casual. Con el sonido surround podríamos haber hecho eso en el auditorio principal, pero no en todos los palcos individuales. Pero con altavoces en cada palco, pudo hacerse y con sutileza”.

Aitken continúa: “El otro objetivo que habíamos imaginado, implicaba a la orquesta. Al haber hecho ópera en el Royal Albert Hall durante varias décadas, siempre había querido que sonara más natural, conseguir algo más grande, más cinematográfico. Con mi ingeniero de mezclas, Paul Stannering, hablamos muchísimo sobre esto. Con las limitaciones de tiempo, sencillamente no fue posible explorar esta idea en todo su potencial, por ese motivo son tan importantes los datos recopilados. Pero respecto al flujo de trabajo, ha sido fabuloso y logramos muchas cosas. Para el ingeniero de mezclas, el procedimiento es muy diferente: no hay bus de mezclas, por lo que si le pido a Paul que le dé un poco más de brillo a la orquesta, no puede hacer nada en el sentido del modo habitual de funcionar. Una vez que se asume el concepto, todo viene rodado”.

“Para mí, la representación sonó muy diferente de cualquier cosa que yo haya hecho antes aquí. Sé que es un cliché, pero no sonó amplificado. Como hicimos en los ensayos, se pueden bajar los mutes y la orquesta desaparece... Ha sido extraordinario. La diferencia está en la región de los 12 dB de ganancia y, sin embargo, cuando volvíamos a usarla no lo parecía por cómo sonaba. Yo estaba muy satisfecho con los resultados: fue una actuación orquestal con un sonido excelente.

“Es muy subjetivo cómo se percibe el sonido de la orquesta, sobre todo cuando se está probando algo que es tan nuevo. No es solo lo que yo pueda pensar, está el director de la orquesta en el escenario, el concertino de la orquesta, el director de música para el ballet, además de los productores, es decir, que hay muchas opiniones. En este caso, me pidieron que asistiera a una reunión con todos ellos en el camerino del director de orquesta tras el primer ensayo. Tengo que confesar que mientras iba hacia allí, me preguntaba qué me iban a decir. Había hablado con todo mi equipo antes y les había dicho a todos lo bien que había sonado y lo satisfecho que estaba con lo que se había conseguido. Cuando llegué al camerino del director, descubrí que los seis estaban entusiasmados, cada miembro de los diversos departamentos musicales adoraba el sonido.

“Programar cualquier pieza clásica y amplificarla en el Royal Albert Hall es siempre una estrategia arriesgada, y la prensa nunca lo dejaría pasar. Con El Cascanueces, al público le encantó el espectáculo y fue muy bien recibido por la prensa”.